Aprender a dejarse cuidar
El tratamiento cambió rápidamente su vida diaria. Al principio, Gynna recibió quimioterapia AC, conocida a veces como “quimioterapia roja”. Después de que los médicos confirmaron que el cáncer se había extendido a los huesos, cambiaron su tratamiento al régimen THP: docetaxel (Taxotere) junto con trastuzumab (Herceptin) y pertuzumab (Perjeta), dos terapias dirigidas contra HER2. Más adelante, su médico añadió tamoxifeno, una terapia hormonal que toma a diario en forma de pastilla. Gynna dice que entender que el cáncer era HER2 positivo la ayudó a comprender por qué estos medicamentos formaban parte de su tratamiento y le dio más confianza en el plan. Completó seis ciclos de docetaxel y continuó recibiendo pertuzumab y trastuzumab, además de un medicamento para proteger los huesos.
Se le cayó el pelo. Su sistema digestivo se volvió extremadamente sensible. Las náuseas se convirtieron en uno de los efectos secundarios más difíciles de manejar. Durante los meses de quimioterapia, Gynna sintió tanto dolor y sensibilidad que hasta las cosas más cotidianas —ponerse la pijama, cubrirse con una cobija, bañarse y comer— le resultaban insoportables.
Para septiembre de 2021, cuando todavía le faltaba un ciclo de la quimioterapia más fuerte, Gynna quería parar. Recuerda estar llorando en su cuarto mientras su hermana intentaba ayudarla a aliviar el dolor. Su papá subió y la vio llorando.
“No, Papi”, le dijo. “No puedo más con esto. Definitivamente no puedo más.”
Ella vio que los ojos de su papá se llenaban de lágrimas. Él salió del cuarto, luego volvió y le tomó las manos.
“Me dijo: ‘Por favor, Gynna, no. Solo te falta una. No te rindas. Habla con Dios, porque Él es el único que te puede dar la fuerza para seguir.’”
Gynna había sido criada como católica, pero dice que su fe se profundizó después del diagnóstico. Empezó a orar no solo para pedir fuerza, sino también por su equipo médico: para que Dios guiara sus manos, sus mentes y sus decisiones.
Gynna también tuvo que aprender algo que no le salía de manera natural: cómo recibir cuidado. “El primer paso fue dejarme ayudar”, dice. “Entender que no podía hacerlo sola.”
Durante los días de tratamiento, su hermano y su hermana la esperaban afuera de la clínica. En un día especialmente largo, cuando Gynna había estado allí desde muy temprano y no había comido, su hermana le mandó un sándwich sencillo de Subway: pan, queso y pollo, porque Gynna no podía tolerar mucho más. “Ese Subway me supo a lo mejor del mundo”, dice.
En casa, su hermano le subía comida al cuarto, veía películas con ella y la dejaba descansar en su habitación mientras él jugaba videojuegos. Su abuela, que vivía al cruzar la calle, le llevaba sopa de verduras con pescado.
“Empecé a soltar esa coraza que siempre tenía cuando entendí que mis hermanos también podían ayudarme y apoyarme”, dice.