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Gynna Paola Quintero Pineda está aprendiendo a vivir, amar y dejarse sostener

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Nota editorial: Los enlaces de este artículo dirigen a información médica que actualmente solo está disponible en inglés.

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Gynna P. Quintero and her boyfriend Diego smile, mountain tops and big fluffy clouds behind them.
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“Yo era una mujer muy fuerte — una persona que salvaba a todo el mundo, ayudaba a todo el mundo y le costaba mucho dejarse ayudar”, dice. “Una Gynna que quería cargar con todas las responsabilidades — en la casa, en el trabajo, todo.”

Eso empezó a cambiar en 2021.

“Esta es mi vida”

Gynna había notado una masa en el seno años antes. En ese momento, los médicos le dijeron que no se preocupara. Pero después de enfermarse de COVID-19 en enero de 2021, se dio cuenta de que la masa estaba más grande. Más dura. “Como una roca”, dice.

Aunque su mamá había sido diagnosticada con cáncer de mama cuando Gynna era adolescente, Gynna no estaba preocupada. Era joven y los médicos ya le habían dicho que la masa no era preocupante. Sin embargo, su hermana se sentía inquieta y le insistió en que fuera al médico.

Gynna pidió una cita con un médico general, quien ordenó una ecografía, pero pasaron varias semanas antes de que le hicieran el examen. Gynna recuerda ese período de espera como un tiempo en el que el tumor siguió creciendo.

A principios de abril, después de la ecografía, le dijeron a Gynna que los resultados eran anormales y que debía ir a urgencias. Fue, esperó durante horas y salió con antibióticos para lo que le dijeron que podía ser mastitis, una infección del seno. También le dijeron que debía hacer seguimiento con un mastólogo.

Cuando finalmente vio al mastólogo, el médico la examinó y le dijo que necesitaba una biopsia ese mismo día.

“Fue la primera vez que escuché la palabra biopsia y entendí qué era una biopsia”, dice Gynna. “Y ese día fue terrible.”

El 19 de mayo de 2021, a los 30 años, Gynna fue diagnosticada con cáncer de mama. Al principio, los médicos le dijeron que era estadio III. Pruebas adicionales pronto mostraron que el cáncer se había extendido a los huesos. Los análisis del tumor indicaron que era positivo para receptores hormonales y para HER2, lo que suele llamarse cáncer de mama metastásico triple positivo. Esos resultados ayudarían a orientar su tratamiento.

“Se sentía como si no fuera yo — como si no fuera a mí a quien le estaban diciendo eso”, dice. “Yo me repetía: ‘No, esta no es mi vida. Esta no es mi vida.’” La realidad se hizo más clara para ella cuando entró por primera vez a la sala de quimioterapia. “Ahí fue cuando dije: ‘Sí. Esta es mi vida. Esto sí me está pasando a mí.’”

Al día siguiente de su diagnóstico, Gynna reunió a sus compañeros de trabajo en una llamada virtual y les contó lo que estaba pasando. Su jefe le había sugerido que mantuviera el diagnóstico en privado, pero Gynna sabía que eso no iba a funcionar. Ella era la segunda al mando. Si de repente se ausentaba del trabajo, las personas no iban a entender por qué. Así que les dijo la verdad sobre su diagnóstico. Después se alejó del trabajo y empezó el tratamiento.

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Gynna Quintero stands by her chemotheraphy infusion machine.
Gynna Quintero takes a selfie accompanied by her chemotherapy infusion machine.
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Aprender a dejarse cuidar

El tratamiento cambió rápidamente su vida diaria. Al principio, Gynna recibió quimioterapia AC, conocida a veces como “quimioterapia roja”. Después de que los médicos confirmaron que el cáncer se había extendido a los huesos, cambiaron su tratamiento al régimen THP: docetaxel (Taxotere) junto con trastuzumab (Herceptin) y pertuzumab (Perjeta), dos terapias dirigidas contra HER2. Más adelante, su médico añadió tamoxifeno, una terapia hormonal que toma a diario en forma de pastilla. Gynna dice que entender que el cáncer era HER2 positivo la ayudó a comprender por qué estos medicamentos formaban parte de su tratamiento y le dio más confianza en el plan. Completó seis ciclos de docetaxel y continuó recibiendo pertuzumab y trastuzumab, además de un medicamento para proteger los huesos.

Se le cayó el pelo. Su sistema digestivo se volvió extremadamente sensible. Las náuseas se convirtieron en uno de los efectos secundarios más difíciles de manejar. Durante los meses de quimioterapia, Gynna sintió tanto dolor y sensibilidad que hasta las cosas más cotidianas —ponerse la pijama, cubrirse con una cobija, bañarse y comer— le resultaban insoportables.

Para septiembre de 2021, cuando todavía le faltaba un ciclo de la quimioterapia más fuerte, Gynna quería parar. Recuerda estar llorando en su cuarto mientras su hermana intentaba ayudarla a aliviar el dolor. Su papá subió y la vio llorando.

“No, Papi”, le dijo. “No puedo más con esto. Definitivamente no puedo más.”

Ella vio que los ojos de su papá se llenaban de lágrimas. Él salió del cuarto, luego volvió y le tomó las manos.

“Me dijo: ‘Por favor, Gynna, no. Solo te falta una. No te rindas. Habla con Dios, porque Él es el único que te puede dar la fuerza para seguir.’”

Gynna había sido criada como católica, pero dice que su fe se profundizó después del diagnóstico. Empezó a orar no solo para pedir fuerza, sino también por su equipo médico: para que Dios guiara sus manos, sus mentes y sus decisiones.

Gynna también tuvo que aprender algo que no le salía de manera natural: cómo recibir cuidado. “El primer paso fue dejarme ayudar”, dice. “Entender que no podía hacerlo sola.”

Durante los días de tratamiento, su hermano y su hermana la esperaban afuera de la clínica. En un día especialmente largo, cuando Gynna había estado allí desde muy temprano y no había comido, su hermana le mandó un sándwich sencillo de Subway: pan, queso y pollo, porque Gynna no podía tolerar mucho más. “Ese Subway me supo a lo mejor del mundo”, dice.

En casa, su hermano le subía comida al cuarto, veía películas con ella y la dejaba descansar en su habitación mientras él jugaba videojuegos. Su abuela, que vivía al cruzar la calle, le llevaba sopa de verduras con pescado.

“Empecé a soltar esa coraza que siempre tenía cuando entendí que mis hermanos también podían ayudarme y apoyarme”, dice.

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Gynna Quintero and her family of diverse ages gather at the table for a celebration.
Gynna Quintero and two female family members hold their adorable dog at a family celebration.
It's Christmas time with Gynna Quintero and her family gathered in the living room.
Gynna Quintero and family members are gathered at an outdoor table, a lovely church in the distance behind them.
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Hermanas de cáncer que sí lo entienden

Una psicóloga animó a Gynna a buscar apoyo fuera de su familia, especialmente de otras mujeres jóvenes que pudieran entender el cáncer de una manera diferente. Gynna buscó en Instagram y encontró una fundación en Colombia que la invitó a un taller para mujeres con cáncer.

Cuando llegó, estaba calva y llevaba un turbante. Otras mujeres también estaban calvas. Algunas se quitaron los turbantes apenas se sentaron. Al final del taller, Gynna también se había quitado el suyo.

Ese día Gynna encontró a sus “hermanas de cáncer”: mujeres que entendían la experiencia del tratamiento sin necesitar largas explicaciones.

“No es lo mismo decirle a una persona sana: ‘Esto me duele’, porque no lo va a entender al mismo nivel que alguien que también lo está viviendo”, dice.

Con ellas, Gynna dice que podía reírse de las partes difíciles. Podía llorar sin sentirse juzgada.

“No necesitas que nadie te lo resuelva”, dice. “Solo necesitas que alguien te escuche.”

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Gynna Quintero makes a wish as she blows out the the candle on top of her birthday cake.

Es aprender, literalmente, a seguir viviendo con algo que pesa sobre ti. Pero también es aprender a no perder la fe, a aferrarte a las cosas que amas y a seguir soñando.

Gynna P. Quintero

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Vivir con el peso del cáncer de mama metastásico

A medida que Gynna siguió viviendo con cáncer de mama metastásico, su pelo volvió a crecer. Se veía bien. Para alguien que no conociera su historia médica, podía parecer que no pasaba nada.

“Las personas como yo, que tenemos que vivir con tratamiento, estamos en un mundo completamente diferente”, dice. “Es aprender, literalmente, a continuar la vida con algo que te pesa. Pero también es aprender a no perder la fe, a aferrarte a las cosas que amas, a seguir soñando.”

Su primer PET scan de seguimiento, en diciembre de 2021, mostró que el cáncer estaba controlado. Como todo permanecía estable, el próximo PET scan fue programado para dos años después. Cuando su oncólogo revisó los resultados de ese estudio en enero de 2024, el scan mostró un nuevo tumor en la pelvis. Gynna recibió radioterapia para tratarlo.

Luego, en enero de 2025, empezó a sentir dolor. Un PET scan realizado en junio trajo noticias aún más difíciles: el cáncer había progresado en la pelvis y había un nuevo tumor en el esternón. Gynna recibió radiocirugía en ambas áreas. Su medicamento para fortalecer los huesos también fue cambiado de ácido zoledrónico a denosumab.

“Para ser completamente honesta, el 2025 me rompió como nunca antes”, dice. “Ni siquiera puedo compararlo con el momento en que fui diagnosticada por primera vez en 2021.”

La progresión y el tratamiento fueron devastadores, tanto física como emocionalmente. Gynna describe este período como su verdadera “tormenta”, una etapa en la que atravesó un profundo proceso de duelo y ya no pudo esconderse detrás de “la máscara de la Gynna fuerte”.

Pero un PET scan en diciembre de 2025 finalmente trajo noticias alentadoras: el cáncer había mostrado una respuesta parcial, con una reducción del 30 %. El resultado le dio a Gynna algo que no había sentido en mucho tiempo: paz emocional y suficiente espacio para volver a mirar hacia el futuro.

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Gynna Quintero struts confidently down a runway at an event.
An image of Gynna Quintero's televised interview, taken from a TV set.
Gynna Quintero stands with a soccer player and another advocate with a hand placed over their heart.
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Un deseo de amor hecho realidad

Antes de que comenzara ese año especialmente difícil, Gynna había pedido, de una manera divertida, encontrar el amor. El 31 de diciembre de 2024, ella y sus primas se metieron debajo de la mesa del comedor justo antes de la medianoche, como parte de una tradición que supuestamente ayuda a encontrar el amor en el nuevo año. Gynna lo hizo sobre todo para acompañar a su prima.

Pero cuando el cáncer progresó y el tratamiento se volvió más intenso en 2025, dejó a un lado la idea de salir con alguien. Toda su atención estaba puesta en su salud.

Ese año también le mostró quiénes estaban verdaderamente dispuestos a permanecer a su lado. “El cáncer filtra a las personas”, dice. Para finales de 2025, estaba rodeada de un grupo cercano y amoroso de familiares y amigos que se habían convertido en su lugar seguro.

Ellos también eran quienes le hacían bromas por estar soltera: ¿cómo iba a encontrarla el amor si ella no hacía nada?

Después de recibir las noticias alentadoras de su PET scan de diciembre, Gynna finalmente se sintió lista para descargar la aplicación de citas Bumble. Tuvo algunas conversaciones decepcionantes y estaba a punto de borrar la aplicación cuando vio el perfil de Diego en Nochebuena.

Se conectaron el 24 de diciembre de 2025, casi un año después de que Gynna se metiera debajo de la mesa para pedir encontrar el amor.

Gynna le contó a Diego sobre su diagnóstico y su tratamiento. Le dijo que no le interesaba perder el tiempo. Estaba buscando algo real. Su respuesta fue sencilla: quería conocerla.

Su conexión creció rápidamente. En una de sus primeras citas, Gynna le regaló a Diego un libro de un autor colombiano que él había mencionado que quería leer. Incluyó una nota.

“¿Por qué eres así?”, le preguntó él.

Para Gynna, regalarle el libro era una manera de mostrarle a Diego que lo que era importante para él también era importante para ella. Más tarde ese día, mientras estaban sentados juntos con los gatos de Diego acurrucados cerca de ella, Gynna le preguntó directamente si quería ser su novio.

Él dijo que sí.

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Gynna Quintero and her boyfriend Diego on a date at a restaurant.
Gynna Quintero and her boyfriend Diego hold each other close in front of glittery party celebrations.
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“La Gynna después de la tormenta”

Ser amada de esta nueva manera ha despertado emociones que Gynna no esperaba. A veces, después de pasar momentos felices con Diego, llega a casa y llora. Su psicóloga la ha ayudado a entender por qué: después de años de sobrevivir, su cerebro no siempre sabe qué hacer con la paz.

Gynna le dijo algo importante a Diego desde el principio: si lloraba, él no tenía que arreglarla.

“No necesito que me arregles”, le dijo. “Lo único que necesito es que me abraces.”

Para Gynna, aprender a dejarse amar por Diego es un proceso continuo. A veces le cuesta creer que alguien que no pertenece a su familia ni a su círculo de amigos de toda la vida —alguien que no la conocía antes del cáncer— pueda amarla plenamente y aceptar la realidad de su salud.

Diego llegó en un momento en que Gynna había aprendido a dejarse ver. Él conoce, le dice ella, “a la Gynna después de la tormenta”.

Eso no significa que la tormenta haya desaparecido por completo. La PET más reciente de Gynna trajo buenas noticias: según cuenta, el cáncer se encuentra actualmente bajo control. Pero, para Gynna, eso no significa que el camino haya terminado. Continúa recibiendo tratamiento mientras enfrenta efectos secundarios persistentes. Al mismo tiempo, aprende, día a día, a permitirse ser amada en medio de todo ello.

Hace poco, Gynna encontró algo que había escrito en 2021, al comienzo del tratamiento. En la nota, escribió que sabía que no necesitaba a nadie para ser feliz, pero que quería compartir con alguien los momentos hermosos de la vida: una conversación en un lugar bonito, un atardecer, un café recién hecho y Coldplay sonando de fondo.

Gynna atribuye parte de su manera de entender el amor a su abuelo, quien falleció en julio de 2026 a los 92 años, tras vivir durante años con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), una afección pulmonar que dificulta la respiración. La mayor enseñanza que le dejó, dice, fue que el amor es una fuerza poderosa: una fuerza que nos ayuda a seguir adelante y a luchar por la vida, incluso cuando la vida se vuelve difícil.

Ahora piensa en esa enseñanza, en la nota que escribió y en el lugar al que la vida la ha llevado. “Ese año pensé que iba a morir”, dice. “Y ahora estoy aquí con Diego”.

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Gynna Quintero sits on the bed with her grandfather, holding up balloons for Gynna's birthday.
Gynna Quintero and her grandparents.
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Cuando estás acostumbrada a ser la fuerte

Muchas personas diagnosticadas con cáncer de mama están acostumbradas a cuidar de los demás. Dejar que otras personas las ayuden puede resultarles poco familiar, incómodo o incluso incorrecto. Sin embargo, recibir cuidados y apoyo también puede ser parte de sobrellevar el tratamiento.

Maneras de practicar cómo recibir ayuda

• Deja que una persona de confianza se encargue de mantener informados a tus familiares o amistades.
• Acepta ofrecimientos específicos, como transporte, comidas, mandados o compañía durante el tratamiento.
• Haz una lista de las cosas con las que te gustaría recibir ayuda y compártela con quienes se ofrezcan a ayudarte, pero no sepan qué hacer.
• Pide ayuda antes de llegar a un punto de agotamiento.
• Permite que las personas te apoyen de maneras que les resulten naturales.
• Diles a tus seres queridos qué te ayuda más: que te escuchen, se sienten contigo en silencio, preparen comida, te distraigan, oren contigo o te ofrezcan ayuda práctica.
• Recuerda que aceptar ayuda también puede brindarles a otras personas una manera significativa de demostrarte su amor.

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Las opiniones expresadas por quienes escriben en nuestro blog son personales y no representan necesariamente las de Living Beyond Breast Cancer (LBBC). LBBC no revisa médicamente el contenido publicado en este blog y no puede garantizar que toda la información sea exacta o completa. Nuestro blog es un espacio para compartir experiencias e historias. La información publicada no reemplaza el consejo médico profesional, la atención médica ni el apoyo de un profesional de la salud mental.

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A group of diverse women, all who have metastatic breast cancer, hug and ham it up.

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